sábado, 18 de julio de 2009

Cartas de Amor

Esta noche he escrito una Carta de Amor, una muy larga y muy sincera, dónde lo único que pretendía era decirle a él todo lo que sentía.

Eso fue anoche pero esta mañana sé que no se la daré nunca...

Hoy, leo como Espido Freire "lamenta que se pierda la carta de amor" http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/18/andalucia_malaga/1247908707.html

Yo, lamento no tener el valor para evitar que esta carta sea una de las que se pierdan.

domingo, 19 de abril de 2009

Melancolía



Van pasando los días, los años y todo sigue igual desde que te fuiste.

Ya hace mucho que no te echo de menos, tanto que no me acuerdo pero sí sé que no estaba en mis planes que mi vida fuera esta.

Nunca estuvo en mis planes que tu fueras mi única oportunidad.

jueves, 19 de febrero de 2009

Sobreviviendo



Llevo unos días sobreviviendo.

Sobreviviendo a una vida que no decidi, con la que nunca soñe y ahora me encuentro atrapada en algo que no quiero pero no puedo aspirar a otra cosa.

Igual me pasa contigo que eres un capricho, al que miro tras un escaparate cuando de vez en paseo por tu vida pero que nunca tendre.

Sólo sobrevivo.

Y quiero gritar, correr y huir... y aquí me encuentro parada.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Poema de la despedida

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,
mi más hermoso sueño muere dentro de mí...
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

José Ángel Buesa

lunes, 8 de diciembre de 2008

Silencios

¡Cómo echo de menos mis ratos de silencios!

Hay días en los que enloquezco, voces, ruidos, todo alrededor de mi cabeza sin parar. Y nada escucho, sólo deseo tener un silencio.

Hasta tus silencios me gustan esos días.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Renuncias

Hay días en los cuales miras hacia atrás y cuentas tus "renuncias".

En esos días sabes qué aquello que perdistes no va a volver.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Mujeres




“¿No habéis encontrado nunca en vuestra vida una mujer que os ha hechizado durante un momento y que luego ha desaparecido? Estas mujeres son como estrellas que pasan rápidas en las noches sosegadas de estío. Habréis encontrado alguna vez, en un balneario, en una estación, en una tienda, en un tranvía, una de esas mujeres cuya vista es como una revelación, como una floración repentina y potente que surge desde el fondo de vuestra alma. Tal vez esta mujer no es hermosa; las que dejan más honda huella en nuestro espíritu no son las que nos deslumbran desde el primer momento...

Vosotros entráis en un vagón del ferrocarril u os sentáis junto al mar en un balneario; después vais mirando a las personas que están junto a vosotros. He aquí una mujer rubia, vestida de negro, en quien vosotros no habéis reparado al sentaros. Examinadla bien: los minutos van pasando; las olas van y vienen mansamente; el tren cruza los campos. Examinadla bien: posad los ojos en su pelo, en su busto, en su boca, en la barbilla redondeada y fina. Y ved cómo vais descubriendo en ella secretosas perfecciones, cómo va brotando en vosotros esa simpatía recia e indestructible hacia esta desconocida que se ha aparecido momentáneamente en vuestra vida.

Y será solo un minuto; esta mujer se marchará; quedará en vuestra alma como un tenue reguero de luz y de bondad; sentiréis como una indefinible angustia cuando la veáis alejarse para siempre. ¿Por qué? ¿Qué afinidad había entre esa mujer y vosotros? ¿Cómo vais a razonar vuestra tristeza? No lo sabemos; pero presentimos vagamente, como si bordeáramos un mundo desconocido, que esta mujer tiene algo que no acertamos a explicar, y que nos pertenece y que no volveremos a encontrar jamás.

Yo he sentido muchas veces estas tristezas indefinibles; era muchacho; en veranos iba frecuentemente a la capital de la provincia y me sentaba largas horas en los balnearios, junto al mar. Y yo veía entonces, y he visto luego, alguna de estas mujeres misteriosas, sugestionadoras, que, como el mar azul que se ensanchaba ante mi vista, me hacía pensar en lo Infinito”.


Las confesiones de un pequeño filósofo. Azorín.